martes, 14 de diciembre de 2010

"EL LECTOR" de Bernhard Schlink


El Lector”. Bernhard Schlink

Chiquillo...

Existen tantas lecturas como lectores existen, tantas miradas como diferentes ojos y tantas emociones como las que somos capaces de imaginar. Es por ello que un libro que uno interpreta de una manera, el vecino, el amante o el amigo, con el que hemos compartido atardeceres, conversaciones y encuentros, lo hace de otra. Eso es muy hermoso y da idea de que cuando una novela es buena (en este caso también es terrible), la sensación que deja -en ese nivel intermedio entre el extrañamiento y la realidad de lo cotidiano- puede ser cuasi infinita y exponerla en un diálogo, texto o carta -si fuera el caso- no haría más que enriquecer el poso que ha permanecido en todos y cada uno de nosotros y hacerlo más sugerente -incluso- que lo que el propio escritor pretendía.

Ésta es una de esas novelas que tienen muchas lecturas. Está la obvia, claro. Una historia de amor entre un adolescente y una mujer algo mayor, empleada como taquillera de tranvía de una ciudad alemana de la última preguerra mundial, historia repleta de erotismo y de comunicación, tanto por la fusión carnal, como a través de la lectura que él la hace de diferentes libros (de Schiller, Goethe, Tolstoi...).

La historia parece que en un momento se acaba, ella se va de la ciudad. El tiempo pasa, pero la huella grabada en la piel y en el alma de ambos es tan honda, que los avatares de la vida vivida, no la logran borrar.

Entonces aparece un juicio. El enfrentamiento de nuevo entre el bien y el mal. Él, en este lapso de tiempo, se ha hecho estudiante de leyes. De casualidad se encuentra con ella –como observador- imputada en un caso, acusada de haber dejado abrasar en un incendio hasta la muerte, a mujeres del campo de concentración de Auschwitz, amén de ser miembro de las SS, guardiana y posible torturadora de muchas prisioneras. El amor, sentido en su día, se enfrenta ahora con la ruindad de ella, con la indiferencia que él siente ante su suerte, y con la pena de no haber sabido ofrecerle una vida mejor donde todo aquello no hubiera posiblemente sucedido.

Pero ¡ay! la historia sigue inexorable su curso. La condena. La cárcel. Los años en prisión... y un buen día él comienza a enviar a Hanna –pues así se llama la protagonista terrible de esta narración- a Hanna que está expiando su culpa necesitando redimirse de alguna forma por ser persona también- cintas con lecturas distintas que a ella le sirven para sobrevivir y también para aprender a leer y a escribir. Algo que, con su propia dignidad de ser humano, de la que a estas alturas de la historia todos pensamos que carecía, no se había atrevido a confesar. Ni a él ni a nadie.

¿Se puede sentir compasión, empatía (amor de él hacia ella, si me apuras) con una asesina, que ha cometido atrocidades? ¿Se puede sentir dolor, terrible dolor, ante el sufrimiento de ella, de él, de la carcelaria que le escribe a él una carta rogándole que la ayude, al cabo de treinta años de prisión, para que la ayude, repito, cuando salga en libertad, a llevar una vida mejor?

Son demasiados complejos los sentimientos, demasiado triste el desenlace, muchas cuestiones sin resolver. ¿Quién era ella? ¿Por qué no quería que nadie supiera de su analfabetismo? ¿Por qué al cabo de los muchos años pasados sigue existiendo un vínculo enorme entre ambos? ¿Somos todos culpables ante la indiferencia de lo que vemos? ¿Es mejor callar o gritar? ¿Se debe uno implicar en asuntos necesarios para la supervivencia general? ¿O es inútil? ¿Por qué la vida, cullons, es tan complicada, tan triste a veces, tan injusta, tan cruel y tan desgarradora? Y una última pregunta, releyendo el texto que escribí esta mañana, atropelladamente, por la emoción: ¿Merece todo esto la pena?

Cristina García-Rosales

(ESPACIO ESPACIOSO / http://nochesininsomnio.blogspot.com)
 

3 comentarios:

Cruz dijo...

Grandes preguntas, Cristina, para un estupendo comentario. No he leído el libro, aunque vi la película en su momento y sí, la historia mueve, siembra, agita..., lo que debe hacer una buena historia en definitiva.
Muchas gracias por compartir tus reflesiones en nuestro blog y recomendarnos buenas lecturas, que nunca están de más.

Cristina García-Rosales dijo...

Gracias a vosotros por permitidme entrar (de puntillas) para hablar de literatura que es una de las cosas que más me gusta...

TIRARSE AL FOLIO dijo...

Somos nosotros los que te dan las gracias Cris, invitándote a seguir colaborando en este espacio o en el blog de Tirarse al Folio con alguno de tus trabajos. siempre es un placer leer lo que escribes.